Somos familias que representamos diferentes nacionalidades
y colaboramos entre nosotros a partir de nuestras distintas culturas, capacidades y habilidades.
Nos reunimos con nuestros niños en un espacio preparado cuidadosamente para facilitarnos crecer.
No queremos delegar en otros la educación de nuestros hijos.
Queremos “aprender a ser”.
Y creemos firmemente que para cambiar algo primero hay que cambiarse, aquí y ahora.
Queremos dar a nuestros niños y a nuestras familias una mejor calidad de vida.
En lugar de encaminar a los niños a que se adapten a las exigencias de la sociedad, plasmados en programas oficiales y guiados explícita o implícitamente por intereses económicos, damos prioridad a procesos de maduración humana auténticos.
Sentimos gratitud por nuestros hijos por plantearnos preguntas, ponernos en encrucijadas y alentarnos a tomar decisiones.
Por eso nos dedicamos a crear las circunstancias más favorables y nuevos marcos de acción.
Respetamos y confiamos plenamente en la Vida.