respeto

A través de sus vivencias con los otros, el niño siente en su propio cuerpo qué es el respeto y su valor. Y aprende a respetarse a sí mismo.

Si los adultos conseguimos respetar la actividad del niño como expresión de su estadio actual de desarrollo, el niño no necesita ya luchar para ser él mismo.  Entonces  su mundo se ordena  y desde  ese estar relajado puede respetar a los  demás y a los objetos que tiene alrededor.

juntos crecemos naturalmente

Somos familias que representamos diferentes nacionalidades
y colaboramos entre nosotros a partir de nuestras distintas culturas, capacidades y habilidades.
Nos reunimos con nuestros niños en un espacio preparado cuidadosamente para facilitarnos crecer.

No queremos delegar en otros la educación de nuestros hijos.

Queremos “aprender a ser”.

Y creemos firmemente que  para cambiar algo primero hay que cambiarse, aquí y ahora.

Queremos dar a nuestros niños y a nuestras familias una mejor calidad de vida.

En lugar de encaminar a los niños a que se adapten a las exigencias de la sociedad, plasmados en programas oficiales y guiados explícita o implícitamente por intereses económicos, damos prioridad  a procesos de maduración humana auténticos.

Sentimos gratitud por nuestros hijos por plantearnos preguntas, ponernos en encrucijadas y alentarnos a tomar decisiones.

 Por eso nos dedicamos a crear las circunstancias más favorables y nuevos marcos de acción.

 Respetamos y confiamos plenamente en la Vida.

acompañar

A través de sus vivencias con los otros, el niño siente en su propio cuerpo qué es el respeto y su valor. Y aprende a respetarse a sí mismo.

Si los adultos conseguimos respetar la actividad del niño como expresión de su estadio actual de desarrollo, el niño no necesita ya luchar para ser él mismo.  Entonces  su mundo se ordena  y desde  ese estar relajado puede respetar a los  demás y a los objetos que tiene alrededor.

transformación

Los niños tienen la habilidad de cuestionar incesantemente nuestro pensar y sentir estáticos.
Se interesan más que por nuestros conocimientos por nuestro verdadero ser que se expresa en acciones concretas.Y nos desafían constantemente a que lo mostremos.

 Frente a estos cuestionamientos tenemos dos alternativas: o defendernos contra los niños o entrar en empatía con su manera de ser y entrar en un continuo “hacerse a sí mismo” en lo cotidiano.

Como madres y padres nos hacen tocar  sentimientos vitales profundos.
En este momento nos encontramos en la encrucijada de abrirnos o cerrarnos a ellos.

La convivencia con niños representa la oportunidad de reestructurar nuestro pasado sin huir del presente.
Lograr tomar contacto de nuevo con la vida.

La Naturaleza ha sido sabia al darnos hijos en nuestros mejores años . Quizás ellos son la oportunidad que se nos da para hacer la transición del desarrollo puramente biológico a un crecimiento verdaderamente humano.

Si logramos relacionarnos con niños de manera idónea, es posible, que en lugar de ser una “carga” para nosotros o de convertirse en nuestras “víctimas”, nos apoyen en nuestra propia “terapia”.